Milagros Martínez es la única entrenadora del fútbol masculino en Japón. Acaba de clasificarse para la siguiente fase de la Copa del Emperador en el país asiático con el Suzuka y clasificó a su equipo para la fase final del torneo copero.

«Teníamos que haber jugado varias previas, pero al estar todo suspendido por el Coronavirus pasamos directamente a la final que el año pasado perdimos. Este año hicimos un muy buen partido para salir campeones de la prefectura. A ver si nos toca un equipo de J2 ahora para viajar y jugar contra un equipo de categoría superior«, explicó la entrenadora a José Luis Escarabajano.

Milagros explicó cómo es este torneo: «Más o menos es igual que la Copa del Rey, pero siempre es a partido único y la final se juega el 1 de enero. Este año se ha cambiado un poco, los equipos de Primera no entran y pueden tocarnos ahora un equipo de Segunda o Tercera de las prefecturas cercanas. Se hace así para evitar desplazamientos largos».

Sobre la final, Martínez reconoció que era un partido «muy deseado». «No habíamos podido ganar en los tres partidos anteriores, teníamos esa espinita. Es el equipo a batir y siempre hay un pique sano, era el rival a batir», añadió.

Una Liga diferente

«Vamos a jugar solo la mitad de la liga porque los jugadores son semiprofesionales, tienen otro trabajo y no es posible. Empezamos la pasada semana y ahora tenemos parón por el calor y por otra competición. Tenemos mucho cuidado porque esta semana en Japón está habiendo mil casos diarios, un récord porque nunca, ni siquiera en abril, había tantos casos«, explicó la situación en el país nipón.

«Aquí el contacto es mínimo, así que no hay tanta transmisión ni preocupación. Es verdad que este fin de semana en un equipo de Primera han detectado un positivo de un miembro del club y un jugador, están intentando salvar la temporada. Tenemos mucho cuidado porque los casos están subiendo mucho en ciudades grandes, sobre todo», analizó la entrenadora.

«Tengo jugadores de mucha calidad, pero tácticamente tenían unos hábitos que yo no quería y eso me costó cuando llegó. Pero ellos están acostumbrados a un trabajo físico brutal», explicó. «El primer día me llegaron con zapatillas y dije que, no que a ponerse las botas y a tocar balón», contó como anécdota.

No hay comentarios

Dejar respuesta